Dicen los expertos, que las crisis económicas mundiales, especialmente la de 2008 en Estados Unidos y las sucesivas recesiones en los países europeos, incentivaron a que las personas encontrasen en elaborar sus propios objetos una alternativa para el ahorro y la diversión.
Allí estarían los orígenes de estos movimientos, si bien vale recalcar que estas prácticas existieron desde siempre, aunque no de manera masiva como en la actualidad. Del mismo modo, suponen el retorno a una costumbre de épocas anteriores, donde el avance de la tecnología digital todavía era paulatino, y las mujeres acostumbraban a confeccionar prendas o remendarlas, algunos hombres construían los muebles del hogar y “lo hecho a mano” era una práctica común dentro de las familias, principalmente a comienzos del siglo pasado.
Sin embargo, a medida que fueron transcurriendo las décadas, esta costumbre se fue disolviendo, a simple vista, por la incidencia de tres factores: el asentamiento de la industrialización en las naciones del mundo; la incorporación progresiva de la mujer al ámbito laboral, que deja poco tiempo para tareas de este tipo; y la intensidad de la vida posmoderna.
Sea como fuere, el Movimiento Maker y el DIY han llegado para quedarse. Gracias a la vasta plataforma que es Internet, aficionados y expertos encontraron el lugar perfecto para reunirse, socializar, compartir y fabricar. Más allá de sus pequeñas diferencias, ambos fenómenos coinciden en una premisa fundamental: no importa si seguís los pasos al pie de la letra o si te desvías del camino, lo importante es que lo hagas vos mismo.
Fuente: negrowhite.net













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